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Metal “la música extrema es para gente extrema.”

septiembre 1, 2019

“La música extrema es para gente extrema. Hay mucho ruido, mucha agresión, mucha fiereza, y es rápida. Esos son los componentes claves, y no es para todos.”

David Vincent. Morbid Angel.

Pululan por las calles, algunos con audífonos, la mayoría vestidos de negro, cuyos logotipos de sus bandas favoritas portan con orgulloso fervor;  pins o parches en sus respectivas chamarras, varones con cabello largo, pues algunos se sienten desligados del ambiente que los rodea;  muchos  consideran  poseer una vida mucho más noble y elevada, alejada de la vulgaridad que emana de la mayoría de  los medios de comunicación hoy en día como: el reggaetón , la música banda, o el pop de nuestros días. Sus ideas son, ciertamente, apetitos artísticos provenientes de aquella música que muchos consideran estridente, áspera,  disonante y  que va en crescendo en nuestra época contemporánea: El Metal.

 Desagregados de sus masas, al revés de la existencia pública; algunos en inmensas aglomeraciones acuden al llamado de los carteles de algún concierto o tocada local;  es evidente que cierto cúmulo de entusiasmo y júbilo converja  dentro de los gritos y empujones del slam; o su movimiento característico de cabeza headbanger, cual si tocaran sus invisibles instrumentos;  en un cierto sector que comenzó como una pequeña comunidad, que antaño le conocían como una tribu urbana, pero que va retomando cada vez más mayor poder público y cultural; algunos trues que no quieren romper con la continuidad de su pasado, se vanaglorian de mantenerse mejor informados acerca de este género musical, como si ganaran una aparente victoria ante nuevas generaciones; se nutren de la nostalgia de la década de los ochentas y noventas; sienten una mayor potencialidad dentro de su espectro cultural, y,  en contraposición radical, hay quienes también no son tan honestos ni sinceros en sus gustos; extraviados en el proceso de asimilación musical, donde muchos van sólo por moda y conocen poco del tema.

El hecho es que se trata de una corriente que ha destacado y que lleva una vida aproximadamente de cuatro décadas; que propició y dio su primera chispa,  reverberación y su característico  poder, con la banda inglesa llamada Black Sabbath. Comenzó el prohibido y singular sonido del tritono, las tres notas prohibidas durante mucho tiempo por aquel nebuloso pensamiento eclesiástico, y que hoy por hoy,  nos resultan imprescindibles para las nuevas agrupaciones; el sonido de las quintas sobre las tónicas fundamentales como powerchords en medio de escalas pentatónicas menores, sumergidas dentro de la tétrica atmósfera que lleva consigo misma; el nombre homónimo de cierto filme de terror dirigida por Mario Bava en 1963, película de culto dentro del argot metalero.  El ciclo del horror, lo trágico, la muerte, la destrucción, y el más allá,  abrieron el telón para dar la bienvenida a tantas agrupaciones dispersas hoy por el mundo. Trascendente a las dogmáticas normas, se respira un  aire de turbio paganismo desde los riffs tónicos en D bemol del Señor Tommy  Iommi, como si hubiera abierto un portal a nublados tiempos pretéritos;  desde la agitación y los susurros de terror hacia lo abominable, hacia lo desconocido, que sólo un Ozzy Osbourne pudo exaltar; evocó excelente y puntualmente aquello que no podemos comprender ni asimilar. Esta icónica banda, no sólo emergió un mundo nuevo dentro de la música,  pues también emprendió sino una alteración, variación y una notoria metamorfosis del antiguo canon de las líricas musicales;  de alguna forma, se acometió el arrebato de situar y subrayar la crudeza de la vida; se remarcaron las dimensiones de la fatalidad, enfatizando existencialmente a la soledad del hombre en el cosmos, no negando a las situaciones paranormales; sino el miedo paralizante a lo ignoto, a lo desconocido.

Desde un agnosticismo presente, protegidos con cruces colgantes desde un inicio,  algunos grupos adoptaron líneas de cosmovisión ateas, emprendiendo los renglones de lo hoy conocido como Black Metal, adaptando la blasfemia como medio de rebelión;  hay también algunos otros adeptos, lectores  de ocultistas de la talla de Aleister Crowley o  Anton Szandor Lavey; además  de uno que otro cúmulo  social, añora  el regreso al punto de sus orígenes, y la remembranza  a sus raíces culturales; todos estos tópicos  no dejan de ser temas interesantes y atrayentes.  Cierto género, en sus inicios fue marcado como característica fundamental, la tendencia al primitivismo y a la carencia de toda técnica en el aspecto teórico, y que  últimamente, ha ido transmutándose a otras filas del arte, agudizando su precisión y velocidad al tocar la batería;  con acordes que suenan más sugestivamente espectrales y atmosféricos,  y estos nuevos  horizontes se adornan con oscuras nubes cuya proyección, nos daría un nuevo tema digno de análisis.

 En el Death Metal, el camino es más amplio; las figuras melódicas son más estilizadas; sobre todo cuando se trata de Melodic Death Metal,   generalmente si es que proviene del continente europeo. En América tiene  incluso el antagonismo y  la repercusión de sonar más brutales; no basándose en escalas eólicas mayores de los modos griegos como en el primer ejemplo; sino en las escalas armónicas menores. Contrastantes puentes que cambian de modalidad entre las tónicas fundamentales; los rasgueos más precisos para asociarse con una batería rápida y que engendra doble bombo con alta velocidad en los metrónomos. Aquí subyace otro subgénero conocido como Technical Death Metal, la cual hace uso de excesivos riffs;  nos recuerdan más a ejercicios de digitación bajo el emblema del virtuosismo, y a la integridad musical  con guturales voces de triunfo o de dolor. Es preciso mencionar también que, dentro de esta categoría, sea común la temática científica y positivista como los agujeros negros; las teorías de cuerdas,  la física cuántica,  los misterios del tiempo y del espacio, la cosmogénesis o la  ufología;   entre otros tópicos. Ideas que  forman parte de los renglones de aquellas graves vociferantes. Entre complejos trazos  musicales, que fueron  emanados de  la  dominancia de escalas cromáticas y disminuidas.  

 Algunos otros, nos demuestran los grados más viles y bajos de la  degradación por la anatomía humana; a  la realidad fúnebre de las descomposiciones fisiológicas, como en el Gore. El Grindcore,  que es el oscuro manifiesto de la mutilación de la carne, el horror y lo macabro;  la vitalidad de lo inerte, aturdiendo hacia altos niveles, hasta alcanzar los horrendos pináculos de la perturbación.

Y así, hasta el  épico y heroico Power Metal,  género muy cercano al Speed Metal y Heavy Metal; donde los caballeros armados con glorias de antiguas batallas contra dragones, legiones y oscuras fuerzas se elevan con honores casi  principescos; cuando las antiguas mitologías, resurgen dentro de cada pueblo, entre las míticas montañas y estrellas inmortales, selladas en algún momento de la imaginación o de la historia. Nos deleitan con excelentes rolas los gloriosos cánticos de  Blind Guardian y Rhapsody; o voces tan limpias como la de Michael Kiske de Helloween.

 No olvidemos aquella fatal pesadumbre, el pesimismo y el rotundo discurso de la tragedia del Doom Metal; donde lo gravoso que atañe a la vida, y al reclamo de estar la muerte tan próxima, tan cercana; a la queja del azar, o del cruel destino, se sufre frágilmente con poética nobleza al hecho de estar vivo; hallando nuevas razones de amargura y de dolor. Este interesante subgénero, es tan lento y abruptamente pesado,  tal vulnerable alegoría como cuando uno va desfalleciendo;  y de éste estilo, va cercano de alguna yuxtapuesta forma, incluyendo el aumento del efecto fuzz y overdrive en sus guitarras, al Stoner Metal; con las cuales bajo ciertos influjos psicodélicos, abstrusos y  surrealistas, van dibujando melodías casi etéreas, que nos recuerdan a escalas pentatónicas como en el  blues; diversas y pesadas hacia un pequeño viaje interior, al fondo de los sueños y las ficciones; deambulando entre oníricas quimeras de la mente humana.

Otros, como en el Folk Metal, o el Prehispanic Metal;  que a modo de nostalgia, abordan en su temática, acerca de sus propias culturas pretéritas de donde son oriundos; la contemplación de un viaje al pasado.  Subrayando  y explorando las sendas de un viejo misticismo; las guerras, la mitología y la filosofía de las civilizaciones antiguas;  También como si se tratara acaso de un arquetipo junguiano del inconsciente colectivo; de un simbolismo extrañamente arcaico y que subyace en nuestra memoria desde tiempos antiquísimos; reforzando así, no sólo  la identidad musical,  sino también a la cultural.

El Metalero ya no es una minoría.  Lo trágico y lo dramático de sus letras, predomina tanto,  como en la vida misma; pues relatan también, al espejo de la voluntad en la existencia. Los conceptos en el Thrash Metal por ejemplo, que nos hablan de un marcado sistema decadente, demacrado, desestabilizado;  la severidad política y la represión; la desigualdad social, tóxicamente contaminado, surgen desentonando entre gritos desesperados  de amargura ante el desinterés social; pues no hay peor enemigo del hombre, que otro hombre, pues  parafraseando a Hobbes: “Homo Homini Lupus,” El hombre es un lobo para el hombre.

 Los infortunios que padece la sociedad, y no sólo la del instinto colectivo, sino a niveles personales, lo refieren muchas composiciones; y esto queda demostrado tanto en el Thrash, Power, Heavy,  Death, etc.   Cualquiera que sea el subgénero. La irrupción negativa en la psique humana, ataca siempre desde los más jóvenes; los vientos angustiosos que atormentan al corazón, son equilibrados mediante el arte; extravagantes sinfonías con guitarras distorsionadas,  ¡y qué mejor manera de nivelar esos niveles de baja dopamina  con furiosos riffs; cantos victoriosos como en el Power Metal,  en medio de  directas melodías, acompañadas de armonías de guitarra en quintas o terceras justas así como en el emblemático sello de  Iron Maiden!,  cuyo sonido producido por tal efecto armónico, evoca la sensación de homeostasis y equilibrio interno, como los mencionados en los talleres de musicoterapia;  acompañado por  los empujes vigorosos de figuras ascendentes y descendentes de las melodías principales. Algunos, como en todo, no logran con  sólo música,  equiparar del todo el nivel del infortunio espiritual,  emprendiendo fácilmente un camino hacia las drogas, cuyos desenlaces terminan en bajos umbrales de consciencia. Me recuerda a unos renglones de Sófocles, en su tragedia de Filoctetes: “¡Sufrir, sufrir, y tanto y no sacar lecciones del dolor, es delito que nadie perdonar pudiera!”.

Ante una sociedad lastimera, ante una naturaleza muda e  insensible, la estridente música Heavy Metal,  es uno de los refugios de los denominados Metalheads; la satisfacción que experimentan al ir a sus conciertos,  la emoción de comprar o descargar un álbum, se cumple de alguna manera en su estado anímico;  y así,  todo lo restante por unos momentos, les resulta tibio e  indiferente; extraviados temporalmente  de la comedia de la vida, y que muchos representamos en la carga de la rutina, se consigue con extrema facilidad, entrando por los oídos y retumbando directo al corazón. No solamente se trata de  un estilo musical, sino que para muchos, es una forma de vida. No andan tan solos ni tan perdidos, como vacilantes en la oscuridad;  están resolviendo en medio del caos y la fortuna, su vida; acompañados de aquellos extravagantes sonidos y engendrados por músicos de todos los niveles. La música Metal es un camino abierto para todos, pero que pocos toman;  la honestidad y sinceridad, sólo la conocen quienes hayan recorrido este artístico sendero.

Nos faltan más etiquetas, más subgéneros y mucha más información acerca de este tipo de música llamada Metal, que poco a poco, iremos haciendo mención en CULTURA EN LETRAS; pues con próximas reseñas de algunos  trabajos discográficos, y  entrevistas hacia algunas bandas, o músicos de otros géneros, pero que sean dignos de mención, invitaremos al estimado lector, un alucinante viaje al sombrío y eclipsado mundo de los metaleros;  al descubrimiento musical y lírico de un mundo diverso, prolífico y fecundo  de la época actual.