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Análisis de Lagrimas de Judas

agosto 3, 2019

El cuento ilustrado Lagrimas de Judas nos muestra la capacidad del ser humano de aprender nuevos métodos y enseñanza- aprendizaje para nuestras futuras generaciones. No obstante sin dejar de ver el lado vulnerable de cada quien como parte de lo que hoy hemos sido y seremos a lo largo de nuestra vida.

El cuento es apto para cualquier lector, pero, me inspiré especialmente en niños con discapacidad visual, ya que tiene partes de lectura en Braille y también podrán observar en fotografías de forma ilustrada como un niño puede llegar a palpar con sus dedos las diferentes texturas y formas.

También encontrarás una pequeña fotografía donde un grupo de alumnos dramatizaron en el área donde  laboro.

Allá por los años de Cristo y después de Cristo la enseñanza es la misma. Dios jamás se equivocó con nosotros, seamos para bien o para mal, siempre serviremos de ejemplo. No podemos aborrecer la naturaleza, más sin embargo asechamos al caído y atormentamos al sufrido.

Judas quería ser muy importante para Jesús, quería que sólo fuera él, que sus ideas fueran tomadas con tanta necesidad para lograr que Jesús fuera su discípulo. Nunca estuvo seguro de pertenecer a su grupo de apóstoles más sin embargo ya era parte porque Jesús le había dado el lugar para arrepentirse antes de traicionarlo.

A pesar de que Jesús sabía que Judas no lo quería y que iba traicionarlo, le dio la confianza, el cariño, apoyo y sabiduría.

Nuestra intuición es el arma más poderosa, cuando intuimos que algo no anda bien en una persona y que nos ha fallado, volvemos a confiar, y se nos olvida ser cautelosos.

Al igual que Judas muchas veces hemos traicionado la confianza que los demás han depositado en nosotros

Judas tenía miedo de que Jesús fuera un falso profeta. Cuando una persona auténtica se muestra con toda seguridad ante nosotros, le tememos, nos impresiona o quizá nos enfurece por su capacidad.

Algunos apóstoles tuvieron miedo de ser condenados, arrestados y blasfemados como le estaba pasando en ese tiempo a Jesús. Tenían miedo, y cuando el miedo nos acongoja, nos aprisiona somos capaces de dejar todo, por no sentir ese síntoma que nos atormenta.

Jesús se sintió en completo abandono, en lo que algunas veces pesamos: ¿Hemos de morir en auxilio?, ¿Morir duele?, ¿Qué nos espera después de cuando dejemos de existir?, ¿Podremos empezar una vida nueva?…

El dinero es y seguirá siendo el culpable de destruir amistades, familia, amigos, conocidos; debido al gran valor que se puede obtener con comodidades a costilla de los demás.

No nos conformamos con lo poco que tenemos… queremos más. Leí por ahí que la victoria tiene 100 padres y la derrota es huérfana, pero, no siempre puede ser igual. En distintos matices de la vida, vamos desarrollando nuestra forma de pensar, según como somos tratados por la sociedad.

Jesús nos enseñó que pase lo que pase hagamos lo que hagamos no cambiará la historia que vamos dejando por nuestro camino. Esas huellas que persisten en algunos corazones, esas emociones impregnadas de bondad y de maldad, con los que nos cruzamos al andar por nuestro caminar.

Cuando nos damos cuenta de lo mal que hemos hecho al prójimo, rogamos y rezamos porque nuestro pecado sea perdonado y eliminado de nuestra conciencia.

El mal no deja nada bueno en la tierra y en la humanidad. Nos quejamos cuando alguien nos hace algo malo, pero, no recordamos lo mal que nosotros hemos hecho a los demás.

A lo largo de mi vida he logrado entender que no soy nada sin la misericordia de Dios, que he caminado tan poco y me falta mucho por remediar.

Que los años pasan volando y que mientras creces y te haces anciana no hay motivos ni peros para lograr realizar nuestro objetivos, pero no codiciando los bienes del otro, sino poniendo en práctica lo que nos interesa, sin mirar lo que al otro le falta o lo que ha logrado.

Reforcemos la enseñanza que Jesús dejó en la Tierra, amando a nuestro prójimo como es, no como nosotros queremos que sea.

No mal interpretemos la Biblia y peor aún si es a nuestra conveniencia, no sabes realmente si a como nosotros vivimos es la mejor manera para Dios.

Todos somos hechos a imagen y semejanza de Dios, no somos  más ni menos. Los bienes materiales nos hacen interesantes para el que le gusta aparentar. Qué bueno fuera que todo lo que hemos logrado de bien mueble e inmueble nos los podamos llevar a la tumba y seguirlo gozando en la presencia de nuestro padre Celestial.

Pero, lamentablemente no son los bienes materiales los que nos hemos de llevar, sino, los valores personales, todo lo bueno que hicimos en la Tierra y principalmente lo malo. Ja¡ verdad?- ese punto ni lo queremos mencionar… Entonces, los apóstoles tuvieron razón de sentir miedo por lo que estaba por venir?, ¿ Será posible que todos fueron perdonados y están descansando en paz?… Es la pregunta que me he hecho algunas veces: ¿ Será posible que Judas está descansado en paz?…

María Albertína López González

Escritora Petenera

Autora Guatemalteca